Alto Alagón en la Prensa
 Caminos históricos, un museo al aire libre | Salamanca 24 Horas | 18/07/2010

La ruta aglutina la riqueza natural, monumental, folclórica y gastronómica de Los Santos, Casafranca, Frades, Endrinal, Monleón y San Miguel de Valero

A caballo entre las sierras de Béjar y Francia, entre el Campo Charro y el sur de la provincia de Salamanca, se encuentra una singular ruta no para recorrer precisamente a lomos de un equino, sino disfrutando a pie cada uno de sus ochenta kilómetros por un recorrido singular a través de los Caminos Históricos de Entresierras.

Unas veces junto a la Calzada de la Plata, otras por el Camino Mozárabe y la Cañada Real, esta ruta es un verdadero deleite para todos los sentidos, sensaciones contrapuestas entre la tranquila dehesa y las escarpadas Quilamas, entre los angostos recovecos junto a árboles centenarios y los espaciosos campos de margaritas. Ermitas y castillos, fuentes y molinos saludan al viajero en un recorrido único en la provincia de Salamanca por su heterogenia homogeneidad.

Dividido en varias etapas, el trayecto aglutina la riqueza natural, monumental, folclórica y gastronómica de Los Santos, Casafranca, Frades de la Sierra, Endrinal, Monleón y San Miguel de Valero, senderos que son testigos mudos de la memoria rural, un verdadero museo al aire libre para saborear sin celeridad, metro a metro.



El camino comienza en Los Santos, antiguo enclave templario donde destaca su iglesia de San Bartolomé y sus castaños centenarios. Camino de Casafranca, el viajero se adentra en las ancestrales rutas de trashumancia hasta llegar a la Cueva de Monreal y los mármoles que la rodean antes de alcanzar un terreno adehesado tan dorado como el sol. En dirección a Frades de la Sierra, entre encinas desmochadas, sorprenden las ermitas y fuentes que custodian el sendero junto a la Calzada de la Plata y el Camino de Santiago del Sur o Camino Mozárabe.

Ya en Frades, las palabras resuenan por doquier en la patria de Gabriel y Galán, el poeta de la tierra, dando paso a un molino y un paraje adehesado donde el cultivo del lino fue una de las grandes tradiciones de la zona. No pueden pasar desapercibidos tampoco los grabados rupestres neolíticos y los dólmenes en Villar de Leche camino de Endrinal, donde el viajero puede refrescarse en cristalinas fuentes cuyas aguas surcan prados de diente y siega. Y así, entre robles y chopos, se llega al insigne Monleón, custodiado por su magnífico castillo, guardián de leyendas en tierras de la calería.

El trayecto hacia El Tornadizo y San Miguel de Valero se encrespa en las míticas Quilamas, compendio de fantasía y tesoros ocultos, un patrimonio botánico y zoológico digno de admirar, donde el tiempo se detiene y embelesa sin oponer apenas resistencia, tierras de apicultura, micología y pastoreo de la cabra. Y de ahí, regreso a Los Santos entre fresnos que bordean talladas canteras de granito que hacen de esta comarca un lugar imprescindible para visitar.

Los caminos de la trashumancia

La mayoría de los caminos que componen las rutas de Entresierras se corresponden con veredas

todavía hoy empleadas para la trashumancia, como es el caso de la Cañada Real. Y es que junto con la dependencia socioeconómica para los habitantes de la zona, esta práctica ancestral ha dejado una rica herencia cultural en su trayecto por cada municipio, un singular traspaso de costumbres y tradiciones que rezuman por doquier.

Para los guisos llevaban y traían pimentón extremeño, vino de pitarra y aceite de Gata, mientras el pastor habilidoso era capaz de trabajar artesanalmente el corcho con su navaja para hacer tajuelos, fiambreras y hueveras. Todo un compendio pastoril transmitido durante varias centurias cual sogas y redes de esparto entrelazadas por aquellos senderos donde las mujeres también transportaban retales de paño y telas para atarse el calzado y el justillo.

Testigos mudos de este arte son los chozos, una singular arquitectura que aún se puede atisbar en algunas partes de la ruta, ejemplo también de la condición social, pues nada tenían que ver dependiendo del poder adquisitivo del ganadero, produciéndose al final un bello intercambio de elementos como los balcones esquinados o los corrales. Y es que las rutas de trashumancia son todavía un compendio etnográfico único en la zona de Entresierras.

Así lo demuestra también su rica y variada gastronomía, con sus fritos y calderetas de cordero y cabrito, las sopas canas y las migas, costumbres asociadas a ritos festivos según la época del año, saboreados con el postre de los cancioneros populares, tan ricos y extensos, y las danzas.

Los castaños centenarios de Los Santos

Elevados hacia el cielo, cual penitentes clamando perdón, se alzan sobre el término municipal de Los Santos los castaños centenarios, un patrimonio natural único durante el recorrido por la Ruta de los Caminos Históricos. Nadie sabe ya cuándo se plantaron sus ahuecados troncos que aún ofrecen su fruto al viajero, pero su grosor denota la vetustez de una vida ligada al campo.

Los castañares de La Alhóndiga, Las Suertes, La Umbría, El Tejar y la Vega fueron alimento indispensable para aquellos que apenas tenían que llevarse a la boca en tiempos donde la comida no era abundante. Así, no se desdeñaba ni la castaña regoldana (grande y achatada), ni la mestiza (injerto de la anterior) ni la injertada (alargada y lustrosa).

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